Quiero verte y oírlas de tus propios labios.
No me gusta esta blancura a la que no estoy acostumbrada.
Mientras mis suspiros resuenan,
Si distinguiera el color del cielo, podría ser rescatada.
Algún día, espero olvidar esta existencia que no realicé bien,
Y así, parece que la fuerza que tanto deseé se seca por completo.
Si dices "Esta es la mañana en la que te doy la espalda",
Tus palabras mordaces me seguirán hasta en sueños.
Una restricción que enreda mi cuepo,
Aún la mente parece dormir.
Extraño esa suave tibieza que sentí en mi mejilla,
Aquello que vi en intervalos distintos era un sueño de colores cálidos.
Mis ojos te reflejan.
Aún cuando llegue el día en que te pierda de vista,
Quedarás grabado en estos ojos.
En esos días en que la luz se filtra entre los árboles,
No estarás a mi lado acompañándome.
La borrosa blancura está temblando,
Parece que se me olvidan las palabras.
Las lágrimas desaparecen hacia el lugar en el que yo debería estar.
Llámame...
Tengo mucho miedo de perderte,
De romper este abrazo.
Puedo oírte cantando sobre mí,
Aún cuando me esfuerzo por oír,
Los latidos suenan inseguros.
Hasta la mente parece dormir.
Ya no recuerdo la tibieza que debió haberse quedado en mi mejilla,
Lo que ví en intervalos indistintos era la realidad, de colores fríos.
Mil pares de alas,
Te acercan a tu pequeño deseo.
Sin siquiera devolverte tu sonrisa,
Contaba mis alientos, y en el recuerdo de mis últimos momentos,
Escuché tu voz, y lo perdí todo aquella mañana.
"Los dos seres que jamás se transformarán en uno..."

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